martes, 25 de septiembre de 2018

Una historia pérdida...



Una historia pérdida... 


Apenas despuntaba el día, los niños habían partido a la escuela, Héctor a la oficina y
Lilia se despertaba con un café antes de ir al trabajo, la radio daba los pormenores del
tráfico, la hora y el clima:

“...Av. Insurgentes ya presenta asentamientos a su cruce con
Reforma, recomendamos vías alternas... son las 8:45 a.m., tenemos una mañana fría por
las lluvias de anoche y se esperan precipitaciones a partir de las 16:00 horas...”

“...Lluvia, una palabra incómoda cuando se vive en la Ciudad de México...”, pensó Lilia
mientras recogía los reductos del desayuno.

Después de atender los últimos por menores de la casa, dejar la comida para su esposo y
los hijos, se apresuró a prepararse para el trabajo. Dejó de lado las fachas que se puso al
salir de la cama y se apresuró a vestirse con el uniforme de la empresa: pantalón azul, blusa
gris y saco azul, zapatos bajos para aguantar el trajín, el portafolio y su bolso...

Una sensación extraña la intranquilizó y la tuvo pensativa antes de salir y cerrar el
apartamento, gracias a ello dio tiempo a que arribara un visitante inusual para ella a esa
hora.
Al salir del apartamento un joven le saludó cortésmente y le preguntó por su nombre, ella
respondió el saludo y cuestionó al muchacho sobre su presencia.
Al instante el mensajero le entregó en propia mano un sobre y le pidió firmara de recibido en
un formulario que contenía sus datos, después de verificar la entrega, el muchacho se
despidió y descendió por las escaleras para salir a la calle y perderse.

Lilia observó el documento y no le dio importancia, para no entretenerse más lo echó en el
bolso y se encamino a la salida de los apartamentos, abordó un taxi y se esfumó en medio
del tráfico de la ciudad.


Cuando ya daban las nueve de la noche, Lilia regresó a su domicilio, cansada, aburrida y
con ganas de nada, entró a su morada y de inmediato sus niños le hicieron fiesta y la
abrumaron con abrazos y besos, este acto balsámico vivificó el apabullado cuerpo y
revitalizó brevemente a esta joven madre.

Héctor de inmediato la paso a la mesa y le sirvió
de cenar, los cuatro disfrutaron de estar en familia una noche más....
Después de acostar a los pequeños, revisar las mochilas, uniformes y tareas, Lilia y Héctor
se prepararon para descansar, pues el siguiente día ya se aprestaba a llegar. Mientras él
miraba las noticias en la recamara, ella, recorriendo la sala – comedor, terminó de hacer los últimos preparativos para el día siguiente, dejó lista las prendas de sus crías y de su pareja, finalmente metió y sacó papeles
de su portafolio.

Fue hasta ese instante cuando recordó el sobre que le llegó por la mañana, con más calma
tomó su bolso y sacó aquella inusual correspondencia. Tras abrirla, una gran sorpresa se
dibujó en su rostro, pues no se trataba de otra cosa que la invitación a la fiesta de
reencuentro de su generación de la preparatoria, la alegría le invadió, pues hacía décadas
que no sabía de sus amistades, mismas que se reunirían en un salón de para celebrar
veinte años de su graduación...

Corrió a la habitación para comunicar la buena nueva a Héctor, sin embargo, este yacía
profundamente dormido, ella se aguantó las ganas de transmitirle la noticia hasta el día
siguiente....

La mañana siguiente inició como de costumbre, pararse, levantar a los niños, asearlos,
vestirlos y peinar a la pequeña Sofì, ver que desayunen, mandarles el “lunch” y poner a los
dos infantes y a Héctor en la puerta para que ninguno llegue tarde... besos, abrazos, dos te
quiero, un te amo y varios hasta luego, se dejaron oír, al final Lilia se quedó sola, pero no por
mucho, pues también ella debía alistarse para iniciar un nuevo día.
Hoy la regla de la oficina la obligaba a llevar falda, así que se colocó unas medias, unas
zapatillas, la blusa, el saco y antes de agarrar su bolso y el portafolio, se tomó un último
trago de café, en tanto repasó rápidamente la invitación que le llegó el día anterior:

Srita. Lilia Esperanza Ruiz:

Se le invita muy cordialmente a la reunión de generación de la Escuela Preparatoria Justo
Sierra, misma que se llevará a cabo el próximo 1 de julio del 2017 en las instalaciones del
plantel, de ahí se trasladaran al salón “Belle Epoque” para dar paso al baile y el convivio.
Invitación personal e intransferible, para dar realce al presente evento no se permitirá
ingresar con invitados, favor de confirmar al tel. 57 22 ...... o al correo electrónico
siguiente...
Gracias
Atentamente
Comité de Ex Alumnos JS.

La alegría del día anterior se convirtió en frustración, ya que no podría llevar a su familia,
por lo menos a su esposo.... Terminó su bebida, tomó sus cosas y se marchó, dejando
sobre la mesa de la cocina la invitación.

Los días y las rutinas continuaron, hasta terminar el mes de junio, pocos días para finalizar
el mes, Héctor comentó a Lilia sobre su fiesta, ella se extrañó del tema, ya que no le había
mencionado nada por falta de tiempo, no obstante, en ese momento comentó todo a Héctor
y expresó su negativa de no asistir sin él...

Sin embargo, Héctor le tenía preparada una grata sorpresa, aquella tarde al
volver, vio la invitación, la leyó y considero justo que Lilia asistiera, así que confirmo por
correo, en ese momento le entregó la confirmación para la fiesta. Ella no supo qué decir,
solo lo abrazo y le dio las gracias de una forma muy, muy especial....

Las sorpresas no pararon aquella noche, ya que además Héctor se dio el tiempo de
comprarle un vestido y algunos accesorios a su bella compañera, así a tan solo un día del
gran evento, la princesa Lilia estaba lista para disfrutar de su reunión de excompañeros.

Finalmente, el viernes 1 de julio, Lilia pidió permiso para salir temprano y no presentarse el
sábado, pues sabía que aquella sería una noche larga, como cuando se iba de pinta en la
prepa. Llegó temprano a casa, recibió con cariño a su familia y se dedicó a transformarse...
Pasados los minutos, de la habitación principal, salió Lilia completamente transformada, aquel vestido de noche que su esposo le obsequió la hizo lucir radiante, bella, seductora, su figura se ciñó a la forma de este, el escote realzaba su porte y sus piernas lucían majestuosas en
combinación con los zapatos y las medias, su cabello recién rizado le daban volumen a su
cabeza, ella era otra totalmente...

Sus niños quedaron estupefactos al ver tan hermosa a su madre, Héctor, con celular en
mano no dejó de tomarle fotos y quedar anonadado con aquella mujer tan hermosa.

Agradeciendo cual actriz de cine los elogios, Lilia caminó por las menudas piezas de su
apartamento, en tanto dio instrucciones de todo lo que había para cenar, para desayunar y
hasta para comer, ya que no sabía a qué hora iba a regresar.

Repartió abrazos y besos a sus pequeños, plasmó un enorme beso en la mejilla de Héctor y
coquetamente le dijo al oído “...esto te lo tengo que agradecer de manera íntima...”, para
después darse un largo beso en la boca.

Escoltada por toda la familia, Lilia salió del conjunto de apartamentos, los vecinos con los
que se topó quedaron admirados de su belleza, finalmente en la entrada un coche último
modelo la esperaba, un último detalle de su amor, ya que le alquiló un auto para que la
llevase hasta su cita, a la puerta del coche se despidieron por fin y él le dijo: “...que esta sea
una noche que nunca olvides...”

Abordó el carro y se perdió en las calles de esta gran ciudad, los niños y Héctor regresaron
al departamento para ver en que se entretenían hasta que el sueño los venciera...

Tras la aburrida ceremonia de conmemoración, los invitados, se encaminaron al salón,
aquellos, que como Lilia no tuvieran transporte, fueron llevados en lujosos autobuses a un
salón muy elegante, donde se brindó la más cordial bienvenida a todos los
ex-preparatorianos de aquel prestigioso colegio.

Nada más descender de los camiones, comenzó la romería de abrazos, besos, lágrimas y
re-encuentros, ya que veinte años se dicen fáciles, pero eran ya una vida para algunos.
Hubo quienes llegaron para este postín desde Europa y Asia, otros que dejando sus
actividades diarias, como Lilia, estaban entusiasmados de ver a sus ex colegas...

La velada fue mágica, sobre todo cuando el grupo con el cual Lilia salió del colegio se
reencontró casi todo, solo faltaron un chicha que por accidente no pudo asistir y a quien
todos recordaban por ser una de las que organizaba el relajo y que apodaban “la búbalo”,
por su afición a los chicles y dos compañeros que no había llegado aún, uno de ellos fue
Mario, recordado por sus bajas notas y siempre estar metido en problemas y el otro al que
apodaban “tirantes” ya que, debido a su obesidad, no había cinturón en el cual entrara su
regordeta figura...

En fin, la noche fue de menos a más y más, ya en el clímax de la diversión apareció en
medio de la pista de baile un caballero de gran porte y elegancia, que hacía las delicias de
las damas que bailaban con él, todas admiraban lo bien que se desenvolvía y su gallarda
figura.

Nadie lo recordaba, de boca en boca fue se fue transmitiendo lo magnífico de sus
movimientos, Lilia, Ángela, Erika y otras más de su palomilla se acercaron a ver al “dandi”
que causó revuelo en la fiesta. Cuando llegaron a la pista, la orquesta terminaba ya la pieza,
justo en ese momento el invitado desconocido ubico a Lilia en medio de la multitud que le
hacía rueda.

Más allá los demás seguían bailando, bebiendo y gozando, pero en ese círculo estaban
admirados de ver el talento y gracia de aquel personaje, quien al ver la figura de Lilia quedó
impactado, se le acercó y le invitó la siguiente pieza, ella no daba crédito a esta situación
pues de la nada aquel bailarín tan destacado la tomó de la mano y la condujo con suavidad
por la pista de baile a ritmo del tango: “por una cabeza” ...

Ella no sabía nada de tangos, pero él la llevó tan sutilmente que no fue necesario saber más
del asunto, los giros y pasos de este baile se realizaron con la belleza de Lilia y la gallardía
de aquel sujeto, corto se hizo el tiempo para ella y las sorpresas aun no acababan...
Al terminar la pieza, él no la soltó y siguieron bailando varias piezas más, hasta que con sutileza él la pareja se fue alejando más y más de la muchedumbre, hasta quedar en un rincón donde al fin
pudieron conversar...

Con un “¿me recuerdas?” inició todo, ella sin identificar con quien se encontraba, no supo
responder, después él sacó una pulsera de entre sus ropas, ella de inmediato la identificó,
esa joya era suya, hacía años que se la había regalado al “tirantes” en una fiesta.

“...Ya te acordaste...” dijo él, en tanto Lilia no dio crédito a lo que veía, pues Miguel,
verdadero nombre del “tirantes” no se parecía en nada a este caballero. Acto seguido inició
una larga conversación, acompañada de risas....

En la última fiesta que tuvieron, Miguel fue solo por compromiso, aunque estuvo
divirtiéndose con sus compañeros, no se sentía cómodo del todo, sobre todo porque nunca
pudo declararle su amor a Lilia, sin embargo, aprovechó una pieza musical para bailar con
ella, ahí aprovecho y le confesó que desde un inicio él había quedado perdidamente
enamorado de ella, Lilia se sonrojo pues nunca esperó que aquel muchacho gordillo le fuera
a decir semejante cosa.
Por desgracia tuvo que ser sincera con él y quedar solo como amigos, esto le causó gran
pesar a Miguel, para mitigar su dolor, Lilia le obsequio una pulsera de plata que llevaba
aquel día, desde entonces él la conservó amorosamente.

Pasada la medianoche, los asistentes comenzaron a partir, Lilia y Miguel permanecieron
platicando y recordando viejos tiempos, llegado el momento ella le comunicó que era hora
de regresar a casa, que la esperaban su esposo y sus hijos, galantemente Miguel se ofreció
a llevarla.

Tras despedirse de su palomilla, misma que no dio crédito a la apariencia de
Miguel, intercambiaron teléfonos, direcciones, e-mail, etc., para no volverse a perder.
Ya afuera del salón Lilia y Miguel conversaron antes de abordar el auto de él, la plática se
centró en recordar aquella fiesta y lo significativo que resultó aquella pulsera.

Ambos reían nerviosamente, pues sabían que aquello fue tiempo pasado y que su realidad era ya otra, en aquel momento fueron niños jugando y hoy trataban de ser jóvenes
nuevamente.

A su paso, varios de los concurrentes a la fiesta, los saludaban, algunos bromeaban
diciendo la bonita pareja que formaban, a lo cual ellos respondían con una nerviosa sonrisa,
como tratando de ocultar que la realidad era otra. Ya casi para llegar al estacionamiento
donde Miguel dejó su coche, un chiflido que ambos reconocieron les hizo detener la marcha
y voltear para ver de quien se trataba...

Unos pasos atrás Marisa, la “pecas”, les hacía señas, en tanto trataba de andar
correctamente, pues el exceso de alcohol le hacía trastabillar y tropezar constantemente, al
alcanzarlos les dijo con dificultad:
-” lo ven canijos, seee los dije, ustedes acabaran estando juntos, tu mendigo “tirantes”, te
saliste con la tuya, pues siempre suspiraste por esta nenorra y vete te sacaste el premio, siii
bien que me acuerdo como llorabas por ella, ya ves guey te dije que la conquistarías...-

Los abrazó, los besó y les deseo mucha felicidad....

Lilia intentó decir que estaba equivocada, que ellos no tenían nada que ver, sin embargo, la
pecas caminó sin escuchar palabra, solo alcanzó a pronunciar “me invitan a la boda.... seré
madrina de chupe…”
Miguel y Lilia se detuvieron, se miraron a los ojos y en silencio avanzaron hasta donde el
valet parking les entregó un flamante Mercedes Benz color negro.

Como galante caballero Miguel abrió la puerta y condujo con cuidado a su acompañante,
ella agradeció en todo momento las atenciones de su ex-compañero...

Él preguntó a dónde debía llevarla, Lilia contestó con titubeos la dirección de su casa,
enseguida la briosa máquina arrancó y se perdió en las solitarias calles de la adormilada
ciudad....

Todo el camino se centró en escuchar lo que cada quién hizo de su vida, como ella conoció
a su esposo, se casaron y la bendición de sus dos hijos, estos comentarios se clavaron en
los sentimientos de Miguel, quien en un determinado momento le confesó a Lilia que solo
había acudido a la fiesta por verla y hacer todo lo posible por conquistarla...

Ella se sonrojo y con una mezcla de sentimientos en su corazón tuvo que pedir a Miguel
que no continuara, que esta noche había sido mágica y grata al encontrarse con él, pero
que el tiempo ya había dictado una sentencia y sólo debían continuar con sus vidas. Él
suspirando y admitiendo que ya nada podía hacerse sólo le pidió un favor:
-Abre la guantera y toma lo que encuentres, no lo abras aquí, llévalo contigo y consérvalo
por favor...
Lilia abrió la guantera del auto y encontró un regalo perfectamente envuelto lo tomó y colocó
en su regazo, él acercó su mano y cogió la de ella, con ternura le acarició el brazo y parte
de su pierna, esto provocó que ella se estremeciera y buscará su cuerpo para
reconfortarse....

Tras unos cuantos minutos de viaje, ella le pidió que se detuviera unas cuadras antes de su
destino, le indicó que ingresara por otra calle hasta un solitario parque donde ella solía
pasear a sus hijos, en medio de la penumbra el auto se acomodó.

Lilia estaba nerviosa, como nunca lo había estado, en su mente se dibujaron
los recuerdos de aquel regordete muchacho al cual nunca supuso que la quería y que hoy
regresaba convertido en un hombre diferente... así también recordó los motivos por los
cuales se enamoró de Héctor, en ese momento todo fue confusión para ella...

En pocos minutos la mañana comenzaría a despuntar y ella sabía que no era correcto que
los vecinos la vieran en una situación tan comprometedora, así que de inmediato actúo, en
tanto Miguel la admiraba...

De golpe Lilia se lanzó sobre él, lo beso, con sus manos recorrió su cuerpo y retiró cada
prenda que le cubriera, esto dejó al descubierto el robusto pecho y los fornidos brazos de
Miguel, quien sorprendido se dejó llevar por el momento y apoderado de ese deseo que
surgió de la nada, hizo lo propio con el cuerpo de Lilia y retiró el vestido, las medias, el
sostén y todo aquello que le impedía hacer suyo aquel cuerpo que en ese momento se le
entregó...

Al paso de unos minutos, dos cuerpos desnudos se amalgamaban en uno solo, la pasión y
el deseo se apoderó de dos víctimas más que sucumbieron a una irrefrenable entrega
reprimida por el tiempo.

Pasada aquel torrente desbordado de desenfreno carnal, cada quien recobró la cordura y tal
como hicieron Adán y Eva al verse desnudos por primera vez, cubrieron sus cuerpos con
las prendas que minutos antes habían estorbado...

No hubo más palabras, solo ella selló los labios de él con un último beso, descendió del
carro, ajustándose las zapatillas para no trastabillar, sin mirar atrás se perdió en los la calle
que la conduciría a su hogar...

Sentado tras el volante del vehículo Miguel la observó cómo se aquella graciosa figura, bella
como un hada se difuminó en medio de la primera luz matinal, antes de arrancar y seguir su
camino, Miguel observó que en el asiento contiguo reposaban dos aretes que ella dejó
adrede con una breve nota escrita con labial que decía:

ayer una pulsera sirvió para que me regalaras una noche muy especial, hoy estos aretes
serán para ti el recuerdo de un amor que nunca fue” Lilia....

La mañana de un desquiciado lunes empezó, Lilia se apresuró a despertar a Héctor y a los
niños, todos adormilados pasaron por el acostumbrado ritual, asearse, vestirse, desayunar y
emprender el viaje a su respectivo lugar.

Tras una semana agotadora, Lilia apenas y se sostenía, el sábado durmió hasta la madrugada, el domingo comentó a Héctor y a sus niños la fiesta, les mostró fotos y vídeos que grabó con su celular, fue un domingo divertido recordando aquella fiesta, el regalo de Miguel permaneció oculto en el bolso de ella...

Tras despedirse en la puerta con un acalorado y largo beso Lilia le dijo:
“te agradezco este mágico fin de semana, si me invitas el viernes podemos salir para que
recibas lo t.. u... y... o”
Héctor sonrió y le dijo:

“Pues prepárate que sé justamente a donde ir…”

La pareja se despidió soltándose lentamente de las manos.
Una vez sola, Lilia abrió en secreto el obsequio, se quedó estupefacta al verlo, de la cajita
perfectamente envuelta salió un corazón tallado en cristal con una pulsera de oro y una
nota:

“...tu pulsera significó tanto para mí, que me prometí obsequiarte una cuando nos
reencontramos... por siempre tuyo Miguel....

Leyó una y mil veces la aquéllas frase que debían desaparecer para siempre y sus otros
obsequios los guardo en un alhajero bajo llave... se acercó a la ventana y observó al
derredor, ubicó el parque y recordó la madrugada del sábado aquel, en su mente, sus
pensamientos fueron:

“... ojalá en algún otro tiempo tengamos la fortuna de escribir esta historia pérdida Miguel,
hasta nunca.... TE AMO...”

Reinicio...


Reinicio...



-No puedo más- exclamó dando un fuerte golpe a la barra de aquel bar, tras decir esto, se escuchó un sollozo y abatido quedó aquel hombre, que se refugió entre sus propios brazos…

- ¡Vamos, toma las cosas con calma!, ¡sabes que no es el fin, es un momento nada más, así nos ocurre a todos! -  dijo el acompañante de aquel que lucía taciturno sobre la barra, en buena medida por los tragos y en otro tanto por la fuerte depresión que acompañaba a aquel individuo.

-Para mí ya no, ya no, no… todo se acabó, prefiero desaparecer de este mundo antes de seguir soportando todas estas penas, ya es suficiente… ¡Dios… ya no puedo! - alcanzó a pronunciar antes de caer al piso, por los efectos de la bebida –

El ambiente de aquel sitio para nada se trastoco por aquella situación, los feligreses y empleados estaban más que habituados a contemplar cómo lo mismo se festejaba, se peleaban o quedaban en tal estado que era preciso retirarlos en un auto de alquiler con el auxilio de meseros y uno que otro comensal, pero en este caso, el acompañante de aquel que cayó al piso, pronto descendió hasta donde su camarada se encontraba para brindarle el pronto auxilio.

“¡Vamos Raúl!, vamos! te lo tomas muy a pecho, no es para tanto…” pronunció aquel hombre, en tanto levantó aquel cuerpo casi inerte, que tras recuperarse de la caída trataba de asirse al banco donde estuvo sentado.

“¿Necesita ayuda amigo?” - preguntó el cantinero a Jorge, mientras éste colocaba a Raúl de nueva cuenta entre la barra y el banco.

-No gracias, solo la cuenta, es todo-

Después de pagar todo lo que ingirió aquel hombre tan ofuscado de nombre Raúl, su acompañante tomó a su colega y amigo, llevándolo casi a rastras hasta el estacionamiento, donde abordaron el Corvette negro del buen samaritano llamado Jorge.

Rápidamente aquel veloz auto se perdió entre la Av. de los Insurgentes con rumbo a hacia el sur, internándose en la colonia Del Valle y haciendo alto total en uno de tantos edificios de apartamentos que existen en aquella zona de la ciudad.

Raúl a penas y supo lo que ocurría, pues la embriaguez, el desánimo y el agotamiento le impidieron percatarse de las cosas. Subir al apartamento no fue nada sencillo, ya que aun en el elevador y con ayuda del conserje, fue preciso tratar de sostener a un cuerpo inanimado, al final y como pudieron, Jorge y el encargado condujeron aquel despojo de hombre hasta su morada


Jorge agradeció el gesto al segundo samaritano acomedido en auxiliar a Raúl, le entregó cien pesos, el buen mozo dio las gracias y se retiró, no sin antes advertir que ambos ingresarán al apartamento.

Después de encender las luces y conducir a Raúl hasta su habitación, esperó unos instantes para ver que nada se le ofreciera, en tanto acomodó algunas cosas de la recamará, unos adornos, ropa, pedazos de libros y un reloj sin baterías que estaba tirado en el pasillo.

Finalmente amonestó a Raúl y le suplico parar esa espiral destructiva que lo estaba conduciendo a la ruina…


“…Raúl, amigo, debes parar, ¿qué pasará contigo y con el bufete, lo has dejado caer mucho? ¿casi estamos quebrados?, ya piensa las cosas…” dejó a su amigo descansando en la cama, tras sentirse más cómodo, el susodicho comenzó a reaccionar y a delirar:

“…Lo ves, ni una maldita borrachera me puedo acomodar sin que vengas a ayudarme, ya no sirvo para nada, ¿veme? soy un despojo, una piltrafa; ahora entiendo a mi Perla y porque se largó con ese desgraciado hijo de… de Lucas, él si es exitoso, buena ropa, buena casa, buen carro, preparado, sobre todo le dio lo que yo no pude…
¡yo ya he perdido todo! ¡vete mi amigo! ¡lárgate, no quiero que me veas más! ¡déjame que me consuma como vela a punto de extinguirse!...
¡ah, pero no te vayas con las manos vacías, toma cualquier porquería que veas y que te guste, al fin el banco se lo llevará todo, así que prefiero que te sirva a ti, ahí tú sabrás si lo vendes, lo tiras o lo que tú quieras...!

Desoyendo lo que su intoxicado camarada dijo, Jorge se aprestó a salir del apartamento, no sin antes quitarle las llaves y cerrar por fuera la casa, ya que conocía de lo que era capaz Raúl y temía que hiciera una nueva tontería. Al salir del edificio solo se despidió del portero que le había ayudado, advirtiéndole que había cerrado el departamento y él se llevaba las llaves para seguridad de Raúl y que ante cualquier situación lo buscarán en un teléfono que le anoto en el libro de visitas. El encargado, le dijo:

“…pierda usted cuidado, así como viene, difícilmente se levantará, al rato sube a darle una vuelta…”

Jorge y el portero se agradecieron los favores y cada quien marchó a sus cosas, Jorge en su Corvette se fue a su casa, el portero se sentó a observar el circuito cerrado enfocando el pasillo del undécimo piso apartamento 11-04, ahí dejó la imagen y se dispuso a ver la televisión.




En medio de aquel apartamento diseñado y decorado por su dueño, Raúl se revolvía en su cama, con fuertes dolores, mayoritariamente emocionales, mismos que le daban vueltas a la cabeza y lo hacían recordar escenas de su pasado…

Como aquella mañana limpia y de sol resplandeciente, que entraba por toda la casa, no había sitio donde la energía del astro rey no se hiciera presente, envuelto en las sábanas, Raúl estaba entre dormido y despierto, sin la más mínima intención de romper aquel idílico y apacible descanso.  

“…Anda flojo, ¿qué pretendéis quedaos todo el día echado? arriba, arriba, arriba, ¿cómo decís vosotros? a sí, “a huevon arriba” ... juguetonamente una voz femenina de acento ibérico, osó interrumpir el plácido sueño de Raúl…”

Debido a la insistencia, al pobre hombre no le quedó de otra que incorporarse y hacer el esfuerzo de salir de la cama, lo cual no fue nada sencillo, ya que tan pronto buscó incorporarse, un almohadazo lo volvió a tumbar, al intentarlo de nuevo, recibió otro y otro hasta que aquello se convirtió en una batalla campal sobre la cama.  

Como toda guerra, los bandos poco a apoco se fueron desgastando, hasta llegar al punto de celebrar un tratado de paz y con ello la rendición de uno de ellos, en este caso, el contendiente derrotado fue Perla, la iniciadora del conflicto, quién sucumbió ante las fuerzas y seductivas tácticas de Raúl, quien la invadió poco a poco hasta tenerla completamente cubierta con su cuerpo, en tanto ella entregó completamente su cuerpo a su amado invasor…

Aquella joven pareja se había conocido cinco años atrás, cuando por azares del destino, Raúl realizó la remodelación de unas oficinas para una empresa española, siendo la señorita Perla de los Reyes la comisionada para ejecutar dicha obra, tras consultar varios despachos encausados a estas tareas, quedó maravillada del talento como diseñador de interiores de aquel joven tan vanguardista.

De esta manera y después de superar a un consejo técnico binacional bastante estricto, el despacho In Details, propiedad de Raúl y Jorge, ganó la adjudicación de aquella obra. Misma que se fijó como meta terminar en ocho meses, lo cual representó todo un reto…

Entre las visitas al despacho y a la obra, la confianza entre Perla y Raúl se afianzó, a tal grado de que ella poco a poco aceptó las invitaciones del joven para ir a cenar o pasear, todo bajo la excusa de mostrarle propuestas interesantes a la empresaria española.  

Para el día de la entrega del proyecto, en medio de un coctel que la empresa ofreció a sus socios en México, Perla y Raúl ya compartían más que una amistad, situación que pronto cambió, pues antes de que ella retornará a la madre patria, recibió de aquel joven una propuesta para un “proyecto” difícil de rechazar…

Un domingo como cualquier otro, Perla se hallaba recorriendo sola algunas calles de Ciudad de México, tomado fotografías que eran su pasión y quería, antes de regresar a la península Ibérica, llevarse varias imágenes de esta ciudad, de esta manera se encontraba en el barrio de Coyoacán, cuando el celular comenzó a sonar en repetidas ocasiones…

- ¡hola! -

¡Hola madrileña, ¿cómo estás?, oye tengo que decirte algo urgente, ¿dónde puedo pasar por ti?

- ¿Raúl, qué coño pasa? ¿te oís preocupado?
-No puedo explicarte nada, ¿dónde estás?
- ¡que mira, ando en esto de Coyoacán, no se…!
-Mira “madrileña”, aborda un taxi y dile que te lleve al Parque la Bombilla y ahí me buscas
-Oye, ¿pero necesitáis algo?
-No, bueno, ya te diré…

- ¡bye ¡-

Raúl colgó y dejó con gran angustia a Perla…

Con lo apremiante que parecía el caso, Perla detuvo al primer taxi que vio, lo abordó con premura y dio las instrucciones que Raúl le mencionó, el carro llegó rápido al sitio que la pasajera le solicitó, tras pagar el servicio y descender de la unidad, un Chevrolet Camaro se acercó a la española, está lo identificó, abordó el vehículo y éste se perdió raudamente por avenida de los Insurgentes, con dirección hacia el norte…

Perla preguntaba lo que pasaba, estaba inquieta, Raúl, con semblante serio no dio muchos datos, solo se encaminó hacia el proyecto que los involucraba a ambos.
Al acercarse al edificio donde se ejecutaba su obra, la joven se mortificó por lo que pudiese haber ocurrido, pensó que algo había salido mal, o un accidentado, peor aún, alguna desgracia…

Sin embargo, el auto cambio de rumbo en el último instante, se aproximó a un edificio de apartamentos y extrañada preguntó:

“¿qué ocurre Raúl? “

El auto se estacionó frente a Torres Adalid 103, él, serio como tumba, solo le indicó que saliera del vehículo y que lo acompañara…

Tras subir por el elevador, Raúl comentó a Perla sobre un plan alterno que tenía y que quería que ella lo estudiara, para ver si era viable realizarlo o no, ella extrañada por lo que ocurría, le comento:

“…Raúl, vos sabéis que yo de diseño no conozco naa de naa, ¿Cómo coños queréis que os diga que algo os conviene o no? ...”

Al llegar al undécimo piso, y tras salir del elevado, Raúl le comentó que estaba trabajando en este sitio, en un proyecto casi personal, pero que requería un “asesor” y que nadie mejor que ella.

“¡qué coño! y ¿vuestro socio Jorge? ¿acaso él no os podría ayudar? yo solo soy una tía que conoce de comercio y negocios, si me metieron en este lío fue por mera suerte”

Para ese momento, Raúl ya ejecutaba un plan muy elaborado y se limitó a decirle:

“Ya entenderás “madrileña” ya entenderás…”

Él, tomándola de la mano, la llevó paso a paso hasta uno de los apartamentos, tras ingresar a éste espacio y al encenderse las luces, ella apreció los detalles con los cuales estaba acondicionado aquel lugar…

“¡Os felicito!, esto es realmente impresionante, ¿pero en qué queréis que os ayude si todo está perfecto?”

“No todo está “perfecto” “madrileña”- contestó a las interrogantes de su compañera y cortésmente la condujo a la terraza.



Ahí armoniosamente dispuesta, se hallaba una mesita, con dos lugares y sillas para los comensales que eran ellos, una botella de champagne reposaba en su hielera, en tanto dos copas aguardaban el momento de ser usadas, no obstante, en una de ella, estaba una rosa con algo metálico en su tallo…

“Perla, desde que te vi comencé a tener ciertos sentimientos que me turbaban, poco a poco descubrí que eso que sentía era amor, un amor muy profundo que poco a poco me llevó a esto, compré este apartamento, sus condiciones no eran las mejores, sin embargo, invertí lo mejor de mí para convertirlo especialmente para ti y… solo quiero saber si… “

Tomando de la mano a la dama y cogiendo la rosa, se hincó frente a ella y dijo:

“¿aceptarías casarte conmigo?”

Perla se emocionó hasta el llanto, tomó aire con fuerza y acariciándolo respondió con un fuerte y apasionado “si, acepto” ....

Él con delicadeza y antes de levantarse tocó la barbilla y la nariz de Perla…


Así inició lo que al parecer sería una bella historia de amor, misma que se volvió mágica y formidable al paso de los años, sin embargo, iniciado el cuarto año de relación, las cosas no marcharon del todo bien.

Después de varios intentos por consumar su matrimonio con un hijo, la joven pareja sufrió el más fuerte de los desengaños, ya que los resultados de un análisis de laboratorio mostraron que Raúl nunca podría ser padre, este golpe cambió por completo la vida de ambos.

Perla se sumió en la tristeza y la desesperación, al ver como su compañero comenzó a consumirse en el alcohol, el juego y la vida desatrampada, pues Raúl no aceptó por ningún motivo su condición médica.

Desesperada, buscó ayuda para ambos, recurrió a todo mundo, siendo Lucas, un conocido y buen amigo de ellos, quien le ayudó a superar ese trance, que la asfixiaba y consumía lentamente...

Un día de tantos, tras una larga discusión, de las ya habituales, Raúl salió presuroso del apartamento, había perdido más de doscientos mil pesos y sus cobradores lo presionaban para pagar, esto provocó que su furia aumentara. Perla le recriminó su actitud y sus faltas como esposo, en tanto, él no se contuvo y explotó diciendo:

“¡No te conduelas de este maldito lisiado, yo solo te doy lástima y repulsión, maldita la hora en que llegaste aquí!, mejor te hubieras regresado a tu tierra, allá si serias feliz…”

Golpeado y rompiendo todo lo que se hallaba a su paso, él salió furioso del apartamento llevando consigo joyas, dinero y objetos con los cuales intentó amortizar su deuda. El silencio se volvió sepulcral, la soledad, la tristeza invadieron lo que otrora fuera el espacio idílico de Perla y Raúl…


Pasados varios minutos, tal vez horas, alguien llamó a la puerta, Perla, que yacía recostada en el sillón, abatida, destrozada y sosteniendo una foto de Raúl y ella, se incorporó y limpió un poco su rostro, tratando de borrar el llanto y la tristeza que llevaba a cuestas.

Al abrir la puerta, de inmediato reconoció a Lucas, el impacto de ver a Perla tan abatida, sola y con su terso rostro hinchado por el llanto, fue sumamente fuerte, de inmediato y sin mediar palabra, la abrazó y juntos lloraron y se lamentaron toda aquella situación.

Poco a poco, las visitas de Lucas se hicieron frecuentes, al tiempo que las ausencias de Raúl fueron en aumento, pasados algunos meses, el apartamento fue quedando casi en el abandono, ya que Raúl pasaba las noches en antros, hoteles de paso o remitido en la delegación, sólo cuando Jorge lograba rescatarlo, en el apartamento se veía la deslucida figura de Raúl, dormitando o tirado en medio de botellas de tequila, mezcal o cualquier otro líquido que lo alejara de la realidad.

Pasados ocho meses de que Perla abandonara el apartamento, Raúl perdidamente intoxicado, recibió al abogado de ella, mismo que consiguió, sin mucho esfuerzo, el anhelado divorcio que liberó a Perla de aquel martirio…

Con apenas y medio entender o que había hecho, la solución de Raúl fue la misma, tomar la botella e ingerir todo el líquido que hubiese en ella, ya nada le importaba.

Muchas veces, en medio de la embriaguez, la soledad y la confusión en su mente, Raúl trataba de reconstruir su vida, aunque fuera en la imaginación. De esta manera, vislumbraba la felicidad con su amada Perla y con aquel ser que nunca podría engendrar, soñaba despierto y jugaba con las sombras del departamento, a veces reía, gritaba de alegría y se emocionaba con los fantasmas que su mente le diseñaba.

Sin embargo, cuando el espíritu etílico le abandonaba, la soledad o consumía hasta los huesos, la tristeza le inundaba y la mente, ya trastocada de un hombre reducido a nada, comenzaba a vociferar incoherencias que aterrorizarían a cualquier mortal…

“...si para esto me hiciste hombre, entonces destrúyeme, mándame a los infiernos, pero no me dejes seguir aquí, pues nada vale la vida para mí, mejor hubiese sido no nacer, no existir… ¡RESPONDEME, ANDA! ¿QUE NECESITO PARA QUE ME DESAPAREZCAS?...

De esta forma transcurrían los días, las noches donde poco a poco se extinguía una cordura en las penumbras de la locura y el alcohol…










Jorge se marchó preocupado sobre lo que ocurriría a su amigo, claro le quedó que pronto perdería lo último que le quedaba y que en algún sitio debía acomodar a aquel a quien tanto estimaba, con esa intranquilidad abordó su vehículo y se perdió en medio de la noche citadina…

En tanto, en las penumbras del apartamento, en medio del desorden, cosas rotas, muebles aventados aquí y allá, sobre la cama, la mente de Raúl comenzó a tomar un poco de conciencia sobre donde estaba y quién era.

Con los ojos entreabiertos, trató de adivinar la hora, no obstante, el único reloj que le acompañaba en aquella solitaria habitación mantuvo inmóvil sus manecillas, toda vez que las baterías hacia un tiempo se habían agotado.

” ... de nueva cuenta estoy solo …”
meditó en medio del dolor de cabeza y los mareos.

“…maldita sea mi vida, si tan solo pudiera… ella estaría a mi lado, ella me cuidaría y no tendría que refugiarme como una bestia herida…” – pensó -

Con un nudo en la garganta, con lágrimas que empapaban las almohadas y soltando sollozos de verdadero dolor, Raúl meditó largo tiempo…

“... ¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? tuve que ser yo el que tuviera este castigo, si me diste todo y mi vida marchaba tan bien, ¿por qué me pasó todo esto?, insisto, llévame de este mundo, pero antes merezco una explicación…”

Después de articular estas palabras, la inconsciencia se volvió a apoderar de él, en tanto el mareo que experimentó lo hizo sumirse en un profundo trance, sin embargo, un tic tac lo regresó a la realidad, extrañado, titubeante y sobre todo desorientado, buscó sin éxito incorporarse, rodó por la cama hasta caer al piso, en medio de ropa, despojos de sábanas, muebles y más, localizó acomodado en un sillón aquel viejo guardián del tiempo andando, pero hacia atrás…

Debido a su estado, no prestó atención al hecho, sin embargo, la sed y los fuertes dolores de estómago, lo obligaron a moverse en busca de algún líquido que le devolviese la vida.

A rastras, llegó a lo que fuera la cocina, ingirió cuánto líquido tuvo a mano, después de incorporarse y deambular torpemente por las diversas áreas de la casa, se detuvo frente al ventanal que daba a la calle, la oscuridad se veía interrumpida por el alumbrado, mismo que alcanzaba a proyectarse hasta aquel apartamento.

“...Me siento atrapado y asfixiado por esta situación, ¡Ya no puedo más! quisiera que todo esto acabará ya…”

“... Si tanto lo deseas, puedes conseguirlo…” sugirió una voz femenina que se escuchó muy cerca de él.

“... ¿quién rayos eres tú?” preguntó Raúl, volteando de súbito y descubriendo una silueta delgada y alta, misma que las sombras impedían ver a detalle.

“No te angusties, soy vecina tuya y he escuchado tus lamentos y quise bajar a ver lo que te ocurría…”

Un breve silencio se hizo presente, a la velocidad de un chasquido, Raúl reaccionó y de inmediato atendió a aquella dama que había aparecido sin hacer el menor ruido...

“...Perdona el desastre, encenderé la luz para que puedas buscar donde acomodarte…”

Tropezando y golpeándose con todo lo que le estorbaba, Raúl se abrió camino hacia donde se encontraba el apagador, como pudo llegó hasta ese punto y encendió la iluminación.

Después de acostumbrar sus ojos a la luminosidad que le lastimaba, limpió sus cuencas oculares y su cara, gracias a lo cual advirtió con detalle la presencia de su inusitada visita.

En medio de un tiradero descomunal, donde no se distinguía entre muebles, ropa y demás objetos revueltos, Raúl descubrió una mujer alta, ataviada completamente de negro, con unas zapatillas de altísimo tacón, medias negras brillantes y un mini vestido tan entallado que no dejó escapar detalle de su esbelta anatomía.

Ahí estaba ella de pie, con las piernas entrecruzadas, el brazo izquierdo en la cadera y el derecho a la altura del dorso, en cuya mano sostenía un cigarrillo a medio fumar, mismo que no emitía humo alguno y menos ceniza, pero que de rato en rato ella aspiraba y éste poco a poco se reducía

Raúl no dio crédito a tal belleza de mujer que tenía enfrente, para convencerse que no era una más de sus alucinaciones, la observó detenidamente, poco a poco la exploró con la mirada al avanzar en derredor suyo…

Además de una figura perfecta, la piel de brazos y cara era tan blanca que parecía de porcelana, casi irreal, su rostro era afilado, muy delgado, pero carismático, sus labios mostraban un rojo cereza intenso, sus ojos azul verdoso, lucían misteriosos al estar enmarcados con unas sombras que transitaban de lo violeta a lo negro…

En la espalda de aquella hermosa dama, una larguísima cabellera, escondía un pronunciadísimo escote, que inició en la nuca y terminaba en la cadera. No era joven, no era vieja, siempre serena y siguiendo con la mirada los movimientos de Raúl, quien no daba crédito a lo que veía.

“...discúlpeme, por mi sorpresa y observarla así, pero nunca te había visto en el edificio…”

Con una voz serena, dulce y melódica, ella respondió:

“...pierde cuidado, ya estoy acostumbrada…”

De inmediato, como si de manera mágica se le cortará la resaca y el malestar, Raúl ofreció un asiento a su visitante, también le ofreció algo de beber o de comer, sin embargo, ella amable y educadamente le dijo que no apetecía nada de momento.

Raúl retomó la plática diciendo:

“...lamento haberte incomodado con mis berreos y obscenidades, no era mi intención importunarte…”

“...No te preocupes, estoy acostumbrada a todos esos comportamientos, pero al escuchar tu tristeza y dolor, me tomé el atrevimiento de venir a ofrecerte mi apoyo…”

“... ¿quieres que platiquemos al respecto?... créeme que eso te ayudaría….

Raúl quedó pensativo y dudo en abrir viejas heridas que le costaban mucho trabajo cerrar. No obstante, se decidió por enterar a su acompañante de todos los detalles que lo llevaron a la desesperación y la fatalidad, así que tomo asiento en un diván que estaba junto a ella y por primera vez tuvo el arrojo de confesar todo lo que le ocurrió desde aquel día de los análisis y como poco a poco fue perdiendo la cordura, hasta llegar a este momento tan incómodo, confesando también las múltiples veces que intentó arrancarse la vida, primero arrojándose desde el balcón del apartamento, después inyectándose somníferos en exceso y hasta llegar a cortarse las venas inútilmente.

“...debo decirte que en todas esas ocasiones… el miedo me detuvo o me llevó al punto del arrepentimiento a última hora… ¿y quieres saber por qué?...

“...adelante, dímelo…”

“...por qué la amo aún, y me dolería nunca más volver a verla…

Derramando lágrimas y con la voz entrecortada, Raúl se atrevió a ser abierto y confesar que su cobardía lo había llevado al borde de lo absurdo y eso le había hecho cometer tantas tonterías...

“...Y dime una cosa - cuestionó ella - ¿qué te estarías dispuesto a hacer por cambiar?, ya que según lo veo, aunado a tu problema físico, sientes un fuerte lazo por Perla.

“...Así es, me enamoré perdidamente de esa mujer y al verme imposibilitado para poder darle un hijo, solo he buscado destruirme, por desgracia ella ha cargado con una culpa que no le corresponde...  pero en el fondo la amo y cada día que pasa su ausencia me hunde más en esta soledad…”

Con una serenidad que no tenía desde hacía vario tiempo, la plática con aquella extraña mujer, tranquilizó a Raúl y le permitió expulsar los demonios que él mismo invocó y que cada día lo refundían más y más en la oscuridad del desasosiego...   

“... Bueno pero la pregunta fue, ¿qué estarías dispuesto a entregar a cambio de recuperar tu vida, a tu amor y salir de este vacío…? preguntó la dama…

“.. No sé, no lo he pensado, lo único que he conseguido es a aislarme y romper relación con todos aquellos que siento me han perjudicado… entre ellos mis amigos, mi socio y en especial ella…”


“... En este momento, ¿qué estarías dispuesto a hacer por ella a pesar de todo? ...”

Mirando los profundos ojos azules de su interlocutora, Raúl quedó pensativo, como si se tratara de una sesión de hipnosis, aquella mujer mantuvo fijamente la mirada en aquel hombre, cuyos ojos se tornaron rojizos y empezaron a derramar lágrimas…

“...No sé qué hacer, a veces quisiera dar marcha atrás y nunca conocerla, otras veces regresar al punto donde inicié toda esta pesadilla y otras tantas, en medio de mis delirios, he pensado morir y ser su ángel guardián…”

La delgada mujer lo observó, y después volteó en todas direcciones de aquel departamento, comenzó a caminar lentamente en medio de aquel tiradero, sus tacones se abrían paso, lenta y cuidadosamente en medio de aquel caos.

Raúl la observó y vio como poco a poco la dama se encaminó a la recamara que otrora fue de la pareja, él se puso de pie y avanzó detrás de ella.

Cuando ella ingresó a la pieza, con sus grandes ojos advirtió como aquella zona era todo menos una recamara, había ropa tirada por aquí y por allá, botellas de diferentes bebidas, unas a medio beber y otras completamente vacías.

El tic - tac del reloj despertó el interés de ella, se aproximó a aquel aparato, lo tomó del sillón donde yacía abandonado y sin baterías, pero avanzando o mejor dicho retrocediendo en el tiempo.

Arrojó lo que quedaba de su cigarrillo sobre la alfombra, después cogió reloj con sus largas y blancas manos, observó fijamente la carátula y exclamó:

“... ¡Raúl, seré directa contigo! tienes cinco minutos para saber qué vas a hacer con tu destino, cuando estas manecillas lleguen a las doce, será muy tarde para ti, yo me habré marchado y no podré ayudarte…”

Ella sostuvo el artefacto frente a su vientre y con el dedo índice de su mano derecha, mostró, a un impávido Raúl, como las manecillas se acercaban a la hora marcada.

Lo cual no hubiese tenido mayor relevancia, de no ser porque al tiempo que Raúl enfocó el reloj, observó cómo los blanco y tersos dedos de aquella dama, con sus elegantes uñas meticulosamente arregladas, se convertían en deshuesadas falanges con ruinosos despojos de garras, que toqueteaban insistentemente la carátula, cuya marcha hacia atrás no se detenía…

Titubeante y con algo más allá del miedo, Raúl preguntó:

¿quién demonios eres y qué haces aquí? ¿qué quieres de mí?

“...realmente me desconciertas Raúl, hace algunas horas vociferabas y te clamabas por abandonar esta vida y mírate ahora, temblando de miedo al ver que te quedan cuatro minutos antes de tu desenlace…”

“... ¿Eres la muerte o algún espíritu endemoniado que viene por mí? -preguntó a aquella mujer que se mantuvo inmóvil, serena y atenta a la espera de la respuesta de aquel hombre.

“...Piensa en mí como la última opción que la vida te da para que reflexiones sobre lo que quieres y cómo lo quieres, pues mi trabajo es brindar ese último momento que a veces cambia las circunstancias…”

Dicho lo anterior, la dama se sentó en la cama, cruzando sus largas piernas y pantorrillas, mostrando cuán bellas eran o por lo menos aparentaban serlo, mientras, jugueteaba con el reloj e imitaba el tic - tac con sus tacones, solo advirtió a Raúl que le quedaban tres minutos.

“...Dime Raúl, ¿Qué quieres hacer con tu destino?

Raúl se sintió horrorizado, reflexionó sobre todo lo que el alcohol le hizo decir, la cabeza le dio de vueltas y se sintió sumamente agobiado, dos preguntas surgieron en su cabeza y extrañamente la mujer que le acompañaba alzó la voz y contesto ambas…

“...Si dices que esto es una broma todo habrá terminado, yo no podré hacer absolutamente nada por lo que pase después, si crees de verdad en lo que te ofrezco, en algo te puedo ayudar, pues será cuestión que me digas que es lo que quieres, por cierto, te queda un minuto…”

Aterrado, atónito, angustiado, Raúl no supo qué hacer, observó como las manecillas del reloj casi se juntaban, era cuestión de unos segundos.

Cerró los ojos y los abrió de súbito, al hacerlo, la dama se había esfumado, en su lugar estaba Perla, quien desnuda le extendía los brazos, y le decía “...venid amor que os necesito…”,

Cuando el segundero estaba por cerrar el empalme de las manecillas y con ello marcar las doce, Raúl se abalanzó sobre aquella aparición, tumbándola sobre la cama, todo se perdió en un halo de luz brillante que deslumbraba tanto como el sol del mediodía, sólo se dejó escuchar un grito que se desvaneció poco a poco:

“…Perla, amor mío voy hacia ti, eso es lo que más anhelo…”

Raúl se sabía el mismo, sin embargo, no se hallaba forma, su cuerpo había desaparecido, solo veía una magnánima luz que lo guiaba hacia su centro.


En medio de una mezcla de dolor y alegría, surgió una vigorosa exclamación:

¡Felicidades, es un bebe hermoso!


Dijo el doctor al orgulloso padre y a la extenuada madre que yacía recostada en aquella cama de partos…


“¡Perla, amor mío, míralo, es hermoso! ¡te amo tanto! ¡los amo tanto!”

Extenuada por el trabajo de parto, la joven madre sacó fuerzas de flaqueza para contemplar a su hijo.

Cuando la enfermera y Lucas, el orgulloso padre, le acercaron al niño, Perla sintió en su corazón un extraño dolor que los aparatos de medición no detectaron, al tenerlo entre sus brazos ella le juró amor eterno y el recién nacido, extendiendo su diminuto brazo, le rozó la barbilla, con ese simple toque ambas almas se enlazaron como ya lo habían hecho anteriormente…


“...elegiste sabiamente, es momento que conozcas tu destino…a partir de hoy tendrás lo que me pediste, como vez, en algunas ocasiones se pueden corregir las cosas por malas que sean… no recordarás nada de lo que ya pasó, pero estarás con quien has deseado en el último momento…”

Aquel bebe recién nacido, sin conocer lo que pasaba, solo se esforzaba por respirar, no podía hablar, ni pensar, solo atendía lo que una voz le musitaba en su cabeza:

“…no te esfuerces en intentar decir nada… es inútil, solo has las cosas correctamente, no vuelvas a perderte… ya no tendrás más oportunidades de emendar tu camino… Sí… ella estará ahí para ti, atiéndela, procúrala, amala, como se debe… no desaproveches esta última oportunidad… eres afortunado, ya que a pocos mortales se le brinda este tipo de beneficios… ¡hasta la eternidad Raúl, es posible que nos volvamos a ver!...

Las labores de recuperación para la madre empezaron de inmediato, el pequeño Ángel Raúl fue limpiado y puesto en su cuna, ante la mirada siempre atenta de su padre y del equipo de aquel sanatorio.


A las afueras del nosocomio, en un quiosco de periódicos y revistas, la gente leía las editoriales del momento, entre ellas destacó la siguiente nota:

“… ¡Infierno en La del Valle!... en la madrugada de hoy un fatídico incendio acabó con un lujoso departamento en el edificio ubicado en Torres Adalid 103, en la colonia del Valle, las llamas consumieron el onceavo piso, donde hasta el momento se sabe vivía el brillante diseñador Raúl Oropeza, de quien al cierre de esta nota no se tiene noticia. Por fortuna los demás pisos fueron desalojados a tiempo y solo se registran pérdidas materiales, no obstante, dentro del apartamento siniestrado se localizó una osamenta calcinada, se está en espera de que los servicios periciales determinen quien es, ya se revisan las cámaras de seguridad pública y del propio edificio para tratar de saber lo que ocurrió…”

Una fina dama, ataviada con el característico uniforme blanco de las enfermeras, con una cabellera larga, sedosa y negra como la noche, leyó con interés la nota, pero no adquirió el periódico, sin embargo, en su delgado y afilado rostro, que era tan pálido como las prendas que vestía, al concluir su lectura, una mueca misteriosa se dibujó, sin dar mayor importancia, retomó la silla de ruedas que empujaba, en ella un anciano le decía que no perdieran más el tiempo, pues él quería conocer cuál era ese sitio tan especial que ella le mostraría aquella mañana…



Marcha atrás...

yo estaré ahí...

Un fuerte dispositivo policíaco se desplegó entorno a aquella vecindad de las calles del centro, área popular y de carácter bravo,  por ell...