martes, 25 de septiembre de 2018

Reinicio...


Reinicio...



-No puedo más- exclamó dando un fuerte golpe a la barra de aquel bar, tras decir esto, se escuchó un sollozo y abatido quedó aquel hombre, que se refugió entre sus propios brazos…

- ¡Vamos, toma las cosas con calma!, ¡sabes que no es el fin, es un momento nada más, así nos ocurre a todos! -  dijo el acompañante de aquel que lucía taciturno sobre la barra, en buena medida por los tragos y en otro tanto por la fuerte depresión que acompañaba a aquel individuo.

-Para mí ya no, ya no, no… todo se acabó, prefiero desaparecer de este mundo antes de seguir soportando todas estas penas, ya es suficiente… ¡Dios… ya no puedo! - alcanzó a pronunciar antes de caer al piso, por los efectos de la bebida –

El ambiente de aquel sitio para nada se trastoco por aquella situación, los feligreses y empleados estaban más que habituados a contemplar cómo lo mismo se festejaba, se peleaban o quedaban en tal estado que era preciso retirarlos en un auto de alquiler con el auxilio de meseros y uno que otro comensal, pero en este caso, el acompañante de aquel que cayó al piso, pronto descendió hasta donde su camarada se encontraba para brindarle el pronto auxilio.

“¡Vamos Raúl!, vamos! te lo tomas muy a pecho, no es para tanto…” pronunció aquel hombre, en tanto levantó aquel cuerpo casi inerte, que tras recuperarse de la caída trataba de asirse al banco donde estuvo sentado.

“¿Necesita ayuda amigo?” - preguntó el cantinero a Jorge, mientras éste colocaba a Raúl de nueva cuenta entre la barra y el banco.

-No gracias, solo la cuenta, es todo-

Después de pagar todo lo que ingirió aquel hombre tan ofuscado de nombre Raúl, su acompañante tomó a su colega y amigo, llevándolo casi a rastras hasta el estacionamiento, donde abordaron el Corvette negro del buen samaritano llamado Jorge.

Rápidamente aquel veloz auto se perdió entre la Av. de los Insurgentes con rumbo a hacia el sur, internándose en la colonia Del Valle y haciendo alto total en uno de tantos edificios de apartamentos que existen en aquella zona de la ciudad.

Raúl a penas y supo lo que ocurría, pues la embriaguez, el desánimo y el agotamiento le impidieron percatarse de las cosas. Subir al apartamento no fue nada sencillo, ya que aun en el elevador y con ayuda del conserje, fue preciso tratar de sostener a un cuerpo inanimado, al final y como pudieron, Jorge y el encargado condujeron aquel despojo de hombre hasta su morada


Jorge agradeció el gesto al segundo samaritano acomedido en auxiliar a Raúl, le entregó cien pesos, el buen mozo dio las gracias y se retiró, no sin antes advertir que ambos ingresarán al apartamento.

Después de encender las luces y conducir a Raúl hasta su habitación, esperó unos instantes para ver que nada se le ofreciera, en tanto acomodó algunas cosas de la recamará, unos adornos, ropa, pedazos de libros y un reloj sin baterías que estaba tirado en el pasillo.

Finalmente amonestó a Raúl y le suplico parar esa espiral destructiva que lo estaba conduciendo a la ruina…


“…Raúl, amigo, debes parar, ¿qué pasará contigo y con el bufete, lo has dejado caer mucho? ¿casi estamos quebrados?, ya piensa las cosas…” dejó a su amigo descansando en la cama, tras sentirse más cómodo, el susodicho comenzó a reaccionar y a delirar:

“…Lo ves, ni una maldita borrachera me puedo acomodar sin que vengas a ayudarme, ya no sirvo para nada, ¿veme? soy un despojo, una piltrafa; ahora entiendo a mi Perla y porque se largó con ese desgraciado hijo de… de Lucas, él si es exitoso, buena ropa, buena casa, buen carro, preparado, sobre todo le dio lo que yo no pude…
¡yo ya he perdido todo! ¡vete mi amigo! ¡lárgate, no quiero que me veas más! ¡déjame que me consuma como vela a punto de extinguirse!...
¡ah, pero no te vayas con las manos vacías, toma cualquier porquería que veas y que te guste, al fin el banco se lo llevará todo, así que prefiero que te sirva a ti, ahí tú sabrás si lo vendes, lo tiras o lo que tú quieras...!

Desoyendo lo que su intoxicado camarada dijo, Jorge se aprestó a salir del apartamento, no sin antes quitarle las llaves y cerrar por fuera la casa, ya que conocía de lo que era capaz Raúl y temía que hiciera una nueva tontería. Al salir del edificio solo se despidió del portero que le había ayudado, advirtiéndole que había cerrado el departamento y él se llevaba las llaves para seguridad de Raúl y que ante cualquier situación lo buscarán en un teléfono que le anoto en el libro de visitas. El encargado, le dijo:

“…pierda usted cuidado, así como viene, difícilmente se levantará, al rato sube a darle una vuelta…”

Jorge y el portero se agradecieron los favores y cada quien marchó a sus cosas, Jorge en su Corvette se fue a su casa, el portero se sentó a observar el circuito cerrado enfocando el pasillo del undécimo piso apartamento 11-04, ahí dejó la imagen y se dispuso a ver la televisión.




En medio de aquel apartamento diseñado y decorado por su dueño, Raúl se revolvía en su cama, con fuertes dolores, mayoritariamente emocionales, mismos que le daban vueltas a la cabeza y lo hacían recordar escenas de su pasado…

Como aquella mañana limpia y de sol resplandeciente, que entraba por toda la casa, no había sitio donde la energía del astro rey no se hiciera presente, envuelto en las sábanas, Raúl estaba entre dormido y despierto, sin la más mínima intención de romper aquel idílico y apacible descanso.  

“…Anda flojo, ¿qué pretendéis quedaos todo el día echado? arriba, arriba, arriba, ¿cómo decís vosotros? a sí, “a huevon arriba” ... juguetonamente una voz femenina de acento ibérico, osó interrumpir el plácido sueño de Raúl…”

Debido a la insistencia, al pobre hombre no le quedó de otra que incorporarse y hacer el esfuerzo de salir de la cama, lo cual no fue nada sencillo, ya que tan pronto buscó incorporarse, un almohadazo lo volvió a tumbar, al intentarlo de nuevo, recibió otro y otro hasta que aquello se convirtió en una batalla campal sobre la cama.  

Como toda guerra, los bandos poco a apoco se fueron desgastando, hasta llegar al punto de celebrar un tratado de paz y con ello la rendición de uno de ellos, en este caso, el contendiente derrotado fue Perla, la iniciadora del conflicto, quién sucumbió ante las fuerzas y seductivas tácticas de Raúl, quien la invadió poco a poco hasta tenerla completamente cubierta con su cuerpo, en tanto ella entregó completamente su cuerpo a su amado invasor…

Aquella joven pareja se había conocido cinco años atrás, cuando por azares del destino, Raúl realizó la remodelación de unas oficinas para una empresa española, siendo la señorita Perla de los Reyes la comisionada para ejecutar dicha obra, tras consultar varios despachos encausados a estas tareas, quedó maravillada del talento como diseñador de interiores de aquel joven tan vanguardista.

De esta manera y después de superar a un consejo técnico binacional bastante estricto, el despacho In Details, propiedad de Raúl y Jorge, ganó la adjudicación de aquella obra. Misma que se fijó como meta terminar en ocho meses, lo cual representó todo un reto…

Entre las visitas al despacho y a la obra, la confianza entre Perla y Raúl se afianzó, a tal grado de que ella poco a poco aceptó las invitaciones del joven para ir a cenar o pasear, todo bajo la excusa de mostrarle propuestas interesantes a la empresaria española.  

Para el día de la entrega del proyecto, en medio de un coctel que la empresa ofreció a sus socios en México, Perla y Raúl ya compartían más que una amistad, situación que pronto cambió, pues antes de que ella retornará a la madre patria, recibió de aquel joven una propuesta para un “proyecto” difícil de rechazar…

Un domingo como cualquier otro, Perla se hallaba recorriendo sola algunas calles de Ciudad de México, tomado fotografías que eran su pasión y quería, antes de regresar a la península Ibérica, llevarse varias imágenes de esta ciudad, de esta manera se encontraba en el barrio de Coyoacán, cuando el celular comenzó a sonar en repetidas ocasiones…

- ¡hola! -

¡Hola madrileña, ¿cómo estás?, oye tengo que decirte algo urgente, ¿dónde puedo pasar por ti?

- ¿Raúl, qué coño pasa? ¿te oís preocupado?
-No puedo explicarte nada, ¿dónde estás?
- ¡que mira, ando en esto de Coyoacán, no se…!
-Mira “madrileña”, aborda un taxi y dile que te lleve al Parque la Bombilla y ahí me buscas
-Oye, ¿pero necesitáis algo?
-No, bueno, ya te diré…

- ¡bye ¡-

Raúl colgó y dejó con gran angustia a Perla…

Con lo apremiante que parecía el caso, Perla detuvo al primer taxi que vio, lo abordó con premura y dio las instrucciones que Raúl le mencionó, el carro llegó rápido al sitio que la pasajera le solicitó, tras pagar el servicio y descender de la unidad, un Chevrolet Camaro se acercó a la española, está lo identificó, abordó el vehículo y éste se perdió raudamente por avenida de los Insurgentes, con dirección hacia el norte…

Perla preguntaba lo que pasaba, estaba inquieta, Raúl, con semblante serio no dio muchos datos, solo se encaminó hacia el proyecto que los involucraba a ambos.
Al acercarse al edificio donde se ejecutaba su obra, la joven se mortificó por lo que pudiese haber ocurrido, pensó que algo había salido mal, o un accidentado, peor aún, alguna desgracia…

Sin embargo, el auto cambio de rumbo en el último instante, se aproximó a un edificio de apartamentos y extrañada preguntó:

“¿qué ocurre Raúl? “

El auto se estacionó frente a Torres Adalid 103, él, serio como tumba, solo le indicó que saliera del vehículo y que lo acompañara…

Tras subir por el elevador, Raúl comentó a Perla sobre un plan alterno que tenía y que quería que ella lo estudiara, para ver si era viable realizarlo o no, ella extrañada por lo que ocurría, le comento:

“…Raúl, vos sabéis que yo de diseño no conozco naa de naa, ¿Cómo coños queréis que os diga que algo os conviene o no? ...”

Al llegar al undécimo piso, y tras salir del elevado, Raúl le comentó que estaba trabajando en este sitio, en un proyecto casi personal, pero que requería un “asesor” y que nadie mejor que ella.

“¡qué coño! y ¿vuestro socio Jorge? ¿acaso él no os podría ayudar? yo solo soy una tía que conoce de comercio y negocios, si me metieron en este lío fue por mera suerte”

Para ese momento, Raúl ya ejecutaba un plan muy elaborado y se limitó a decirle:

“Ya entenderás “madrileña” ya entenderás…”

Él, tomándola de la mano, la llevó paso a paso hasta uno de los apartamentos, tras ingresar a éste espacio y al encenderse las luces, ella apreció los detalles con los cuales estaba acondicionado aquel lugar…

“¡Os felicito!, esto es realmente impresionante, ¿pero en qué queréis que os ayude si todo está perfecto?”

“No todo está “perfecto” “madrileña”- contestó a las interrogantes de su compañera y cortésmente la condujo a la terraza.



Ahí armoniosamente dispuesta, se hallaba una mesita, con dos lugares y sillas para los comensales que eran ellos, una botella de champagne reposaba en su hielera, en tanto dos copas aguardaban el momento de ser usadas, no obstante, en una de ella, estaba una rosa con algo metálico en su tallo…

“Perla, desde que te vi comencé a tener ciertos sentimientos que me turbaban, poco a poco descubrí que eso que sentía era amor, un amor muy profundo que poco a poco me llevó a esto, compré este apartamento, sus condiciones no eran las mejores, sin embargo, invertí lo mejor de mí para convertirlo especialmente para ti y… solo quiero saber si… “

Tomando de la mano a la dama y cogiendo la rosa, se hincó frente a ella y dijo:

“¿aceptarías casarte conmigo?”

Perla se emocionó hasta el llanto, tomó aire con fuerza y acariciándolo respondió con un fuerte y apasionado “si, acepto” ....

Él con delicadeza y antes de levantarse tocó la barbilla y la nariz de Perla…


Así inició lo que al parecer sería una bella historia de amor, misma que se volvió mágica y formidable al paso de los años, sin embargo, iniciado el cuarto año de relación, las cosas no marcharon del todo bien.

Después de varios intentos por consumar su matrimonio con un hijo, la joven pareja sufrió el más fuerte de los desengaños, ya que los resultados de un análisis de laboratorio mostraron que Raúl nunca podría ser padre, este golpe cambió por completo la vida de ambos.

Perla se sumió en la tristeza y la desesperación, al ver como su compañero comenzó a consumirse en el alcohol, el juego y la vida desatrampada, pues Raúl no aceptó por ningún motivo su condición médica.

Desesperada, buscó ayuda para ambos, recurrió a todo mundo, siendo Lucas, un conocido y buen amigo de ellos, quien le ayudó a superar ese trance, que la asfixiaba y consumía lentamente...

Un día de tantos, tras una larga discusión, de las ya habituales, Raúl salió presuroso del apartamento, había perdido más de doscientos mil pesos y sus cobradores lo presionaban para pagar, esto provocó que su furia aumentara. Perla le recriminó su actitud y sus faltas como esposo, en tanto, él no se contuvo y explotó diciendo:

“¡No te conduelas de este maldito lisiado, yo solo te doy lástima y repulsión, maldita la hora en que llegaste aquí!, mejor te hubieras regresado a tu tierra, allá si serias feliz…”

Golpeado y rompiendo todo lo que se hallaba a su paso, él salió furioso del apartamento llevando consigo joyas, dinero y objetos con los cuales intentó amortizar su deuda. El silencio se volvió sepulcral, la soledad, la tristeza invadieron lo que otrora fuera el espacio idílico de Perla y Raúl…


Pasados varios minutos, tal vez horas, alguien llamó a la puerta, Perla, que yacía recostada en el sillón, abatida, destrozada y sosteniendo una foto de Raúl y ella, se incorporó y limpió un poco su rostro, tratando de borrar el llanto y la tristeza que llevaba a cuestas.

Al abrir la puerta, de inmediato reconoció a Lucas, el impacto de ver a Perla tan abatida, sola y con su terso rostro hinchado por el llanto, fue sumamente fuerte, de inmediato y sin mediar palabra, la abrazó y juntos lloraron y se lamentaron toda aquella situación.

Poco a poco, las visitas de Lucas se hicieron frecuentes, al tiempo que las ausencias de Raúl fueron en aumento, pasados algunos meses, el apartamento fue quedando casi en el abandono, ya que Raúl pasaba las noches en antros, hoteles de paso o remitido en la delegación, sólo cuando Jorge lograba rescatarlo, en el apartamento se veía la deslucida figura de Raúl, dormitando o tirado en medio de botellas de tequila, mezcal o cualquier otro líquido que lo alejara de la realidad.

Pasados ocho meses de que Perla abandonara el apartamento, Raúl perdidamente intoxicado, recibió al abogado de ella, mismo que consiguió, sin mucho esfuerzo, el anhelado divorcio que liberó a Perla de aquel martirio…

Con apenas y medio entender o que había hecho, la solución de Raúl fue la misma, tomar la botella e ingerir todo el líquido que hubiese en ella, ya nada le importaba.

Muchas veces, en medio de la embriaguez, la soledad y la confusión en su mente, Raúl trataba de reconstruir su vida, aunque fuera en la imaginación. De esta manera, vislumbraba la felicidad con su amada Perla y con aquel ser que nunca podría engendrar, soñaba despierto y jugaba con las sombras del departamento, a veces reía, gritaba de alegría y se emocionaba con los fantasmas que su mente le diseñaba.

Sin embargo, cuando el espíritu etílico le abandonaba, la soledad o consumía hasta los huesos, la tristeza le inundaba y la mente, ya trastocada de un hombre reducido a nada, comenzaba a vociferar incoherencias que aterrorizarían a cualquier mortal…

“...si para esto me hiciste hombre, entonces destrúyeme, mándame a los infiernos, pero no me dejes seguir aquí, pues nada vale la vida para mí, mejor hubiese sido no nacer, no existir… ¡RESPONDEME, ANDA! ¿QUE NECESITO PARA QUE ME DESAPAREZCAS?...

De esta forma transcurrían los días, las noches donde poco a poco se extinguía una cordura en las penumbras de la locura y el alcohol…










Jorge se marchó preocupado sobre lo que ocurriría a su amigo, claro le quedó que pronto perdería lo último que le quedaba y que en algún sitio debía acomodar a aquel a quien tanto estimaba, con esa intranquilidad abordó su vehículo y se perdió en medio de la noche citadina…

En tanto, en las penumbras del apartamento, en medio del desorden, cosas rotas, muebles aventados aquí y allá, sobre la cama, la mente de Raúl comenzó a tomar un poco de conciencia sobre donde estaba y quién era.

Con los ojos entreabiertos, trató de adivinar la hora, no obstante, el único reloj que le acompañaba en aquella solitaria habitación mantuvo inmóvil sus manecillas, toda vez que las baterías hacia un tiempo se habían agotado.

” ... de nueva cuenta estoy solo …”
meditó en medio del dolor de cabeza y los mareos.

“…maldita sea mi vida, si tan solo pudiera… ella estaría a mi lado, ella me cuidaría y no tendría que refugiarme como una bestia herida…” – pensó -

Con un nudo en la garganta, con lágrimas que empapaban las almohadas y soltando sollozos de verdadero dolor, Raúl meditó largo tiempo…

“... ¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? tuve que ser yo el que tuviera este castigo, si me diste todo y mi vida marchaba tan bien, ¿por qué me pasó todo esto?, insisto, llévame de este mundo, pero antes merezco una explicación…”

Después de articular estas palabras, la inconsciencia se volvió a apoderar de él, en tanto el mareo que experimentó lo hizo sumirse en un profundo trance, sin embargo, un tic tac lo regresó a la realidad, extrañado, titubeante y sobre todo desorientado, buscó sin éxito incorporarse, rodó por la cama hasta caer al piso, en medio de ropa, despojos de sábanas, muebles y más, localizó acomodado en un sillón aquel viejo guardián del tiempo andando, pero hacia atrás…

Debido a su estado, no prestó atención al hecho, sin embargo, la sed y los fuertes dolores de estómago, lo obligaron a moverse en busca de algún líquido que le devolviese la vida.

A rastras, llegó a lo que fuera la cocina, ingirió cuánto líquido tuvo a mano, después de incorporarse y deambular torpemente por las diversas áreas de la casa, se detuvo frente al ventanal que daba a la calle, la oscuridad se veía interrumpida por el alumbrado, mismo que alcanzaba a proyectarse hasta aquel apartamento.

“...Me siento atrapado y asfixiado por esta situación, ¡Ya no puedo más! quisiera que todo esto acabará ya…”

“... Si tanto lo deseas, puedes conseguirlo…” sugirió una voz femenina que se escuchó muy cerca de él.

“... ¿quién rayos eres tú?” preguntó Raúl, volteando de súbito y descubriendo una silueta delgada y alta, misma que las sombras impedían ver a detalle.

“No te angusties, soy vecina tuya y he escuchado tus lamentos y quise bajar a ver lo que te ocurría…”

Un breve silencio se hizo presente, a la velocidad de un chasquido, Raúl reaccionó y de inmediato atendió a aquella dama que había aparecido sin hacer el menor ruido...

“...Perdona el desastre, encenderé la luz para que puedas buscar donde acomodarte…”

Tropezando y golpeándose con todo lo que le estorbaba, Raúl se abrió camino hacia donde se encontraba el apagador, como pudo llegó hasta ese punto y encendió la iluminación.

Después de acostumbrar sus ojos a la luminosidad que le lastimaba, limpió sus cuencas oculares y su cara, gracias a lo cual advirtió con detalle la presencia de su inusitada visita.

En medio de un tiradero descomunal, donde no se distinguía entre muebles, ropa y demás objetos revueltos, Raúl descubrió una mujer alta, ataviada completamente de negro, con unas zapatillas de altísimo tacón, medias negras brillantes y un mini vestido tan entallado que no dejó escapar detalle de su esbelta anatomía.

Ahí estaba ella de pie, con las piernas entrecruzadas, el brazo izquierdo en la cadera y el derecho a la altura del dorso, en cuya mano sostenía un cigarrillo a medio fumar, mismo que no emitía humo alguno y menos ceniza, pero que de rato en rato ella aspiraba y éste poco a poco se reducía

Raúl no dio crédito a tal belleza de mujer que tenía enfrente, para convencerse que no era una más de sus alucinaciones, la observó detenidamente, poco a poco la exploró con la mirada al avanzar en derredor suyo…

Además de una figura perfecta, la piel de brazos y cara era tan blanca que parecía de porcelana, casi irreal, su rostro era afilado, muy delgado, pero carismático, sus labios mostraban un rojo cereza intenso, sus ojos azul verdoso, lucían misteriosos al estar enmarcados con unas sombras que transitaban de lo violeta a lo negro…

En la espalda de aquella hermosa dama, una larguísima cabellera, escondía un pronunciadísimo escote, que inició en la nuca y terminaba en la cadera. No era joven, no era vieja, siempre serena y siguiendo con la mirada los movimientos de Raúl, quien no daba crédito a lo que veía.

“...discúlpeme, por mi sorpresa y observarla así, pero nunca te había visto en el edificio…”

Con una voz serena, dulce y melódica, ella respondió:

“...pierde cuidado, ya estoy acostumbrada…”

De inmediato, como si de manera mágica se le cortará la resaca y el malestar, Raúl ofreció un asiento a su visitante, también le ofreció algo de beber o de comer, sin embargo, ella amable y educadamente le dijo que no apetecía nada de momento.

Raúl retomó la plática diciendo:

“...lamento haberte incomodado con mis berreos y obscenidades, no era mi intención importunarte…”

“...No te preocupes, estoy acostumbrada a todos esos comportamientos, pero al escuchar tu tristeza y dolor, me tomé el atrevimiento de venir a ofrecerte mi apoyo…”

“... ¿quieres que platiquemos al respecto?... créeme que eso te ayudaría….

Raúl quedó pensativo y dudo en abrir viejas heridas que le costaban mucho trabajo cerrar. No obstante, se decidió por enterar a su acompañante de todos los detalles que lo llevaron a la desesperación y la fatalidad, así que tomo asiento en un diván que estaba junto a ella y por primera vez tuvo el arrojo de confesar todo lo que le ocurrió desde aquel día de los análisis y como poco a poco fue perdiendo la cordura, hasta llegar a este momento tan incómodo, confesando también las múltiples veces que intentó arrancarse la vida, primero arrojándose desde el balcón del apartamento, después inyectándose somníferos en exceso y hasta llegar a cortarse las venas inútilmente.

“...debo decirte que en todas esas ocasiones… el miedo me detuvo o me llevó al punto del arrepentimiento a última hora… ¿y quieres saber por qué?...

“...adelante, dímelo…”

“...por qué la amo aún, y me dolería nunca más volver a verla…

Derramando lágrimas y con la voz entrecortada, Raúl se atrevió a ser abierto y confesar que su cobardía lo había llevado al borde de lo absurdo y eso le había hecho cometer tantas tonterías...

“...Y dime una cosa - cuestionó ella - ¿qué te estarías dispuesto a hacer por cambiar?, ya que según lo veo, aunado a tu problema físico, sientes un fuerte lazo por Perla.

“...Así es, me enamoré perdidamente de esa mujer y al verme imposibilitado para poder darle un hijo, solo he buscado destruirme, por desgracia ella ha cargado con una culpa que no le corresponde...  pero en el fondo la amo y cada día que pasa su ausencia me hunde más en esta soledad…”

Con una serenidad que no tenía desde hacía vario tiempo, la plática con aquella extraña mujer, tranquilizó a Raúl y le permitió expulsar los demonios que él mismo invocó y que cada día lo refundían más y más en la oscuridad del desasosiego...   

“... Bueno pero la pregunta fue, ¿qué estarías dispuesto a entregar a cambio de recuperar tu vida, a tu amor y salir de este vacío…? preguntó la dama…

“.. No sé, no lo he pensado, lo único que he conseguido es a aislarme y romper relación con todos aquellos que siento me han perjudicado… entre ellos mis amigos, mi socio y en especial ella…”


“... En este momento, ¿qué estarías dispuesto a hacer por ella a pesar de todo? ...”

Mirando los profundos ojos azules de su interlocutora, Raúl quedó pensativo, como si se tratara de una sesión de hipnosis, aquella mujer mantuvo fijamente la mirada en aquel hombre, cuyos ojos se tornaron rojizos y empezaron a derramar lágrimas…

“...No sé qué hacer, a veces quisiera dar marcha atrás y nunca conocerla, otras veces regresar al punto donde inicié toda esta pesadilla y otras tantas, en medio de mis delirios, he pensado morir y ser su ángel guardián…”

La delgada mujer lo observó, y después volteó en todas direcciones de aquel departamento, comenzó a caminar lentamente en medio de aquel tiradero, sus tacones se abrían paso, lenta y cuidadosamente en medio de aquel caos.

Raúl la observó y vio como poco a poco la dama se encaminó a la recamara que otrora fue de la pareja, él se puso de pie y avanzó detrás de ella.

Cuando ella ingresó a la pieza, con sus grandes ojos advirtió como aquella zona era todo menos una recamara, había ropa tirada por aquí y por allá, botellas de diferentes bebidas, unas a medio beber y otras completamente vacías.

El tic - tac del reloj despertó el interés de ella, se aproximó a aquel aparato, lo tomó del sillón donde yacía abandonado y sin baterías, pero avanzando o mejor dicho retrocediendo en el tiempo.

Arrojó lo que quedaba de su cigarrillo sobre la alfombra, después cogió reloj con sus largas y blancas manos, observó fijamente la carátula y exclamó:

“... ¡Raúl, seré directa contigo! tienes cinco minutos para saber qué vas a hacer con tu destino, cuando estas manecillas lleguen a las doce, será muy tarde para ti, yo me habré marchado y no podré ayudarte…”

Ella sostuvo el artefacto frente a su vientre y con el dedo índice de su mano derecha, mostró, a un impávido Raúl, como las manecillas se acercaban a la hora marcada.

Lo cual no hubiese tenido mayor relevancia, de no ser porque al tiempo que Raúl enfocó el reloj, observó cómo los blanco y tersos dedos de aquella dama, con sus elegantes uñas meticulosamente arregladas, se convertían en deshuesadas falanges con ruinosos despojos de garras, que toqueteaban insistentemente la carátula, cuya marcha hacia atrás no se detenía…

Titubeante y con algo más allá del miedo, Raúl preguntó:

¿quién demonios eres y qué haces aquí? ¿qué quieres de mí?

“...realmente me desconciertas Raúl, hace algunas horas vociferabas y te clamabas por abandonar esta vida y mírate ahora, temblando de miedo al ver que te quedan cuatro minutos antes de tu desenlace…”

“... ¿Eres la muerte o algún espíritu endemoniado que viene por mí? -preguntó a aquella mujer que se mantuvo inmóvil, serena y atenta a la espera de la respuesta de aquel hombre.

“...Piensa en mí como la última opción que la vida te da para que reflexiones sobre lo que quieres y cómo lo quieres, pues mi trabajo es brindar ese último momento que a veces cambia las circunstancias…”

Dicho lo anterior, la dama se sentó en la cama, cruzando sus largas piernas y pantorrillas, mostrando cuán bellas eran o por lo menos aparentaban serlo, mientras, jugueteaba con el reloj e imitaba el tic - tac con sus tacones, solo advirtió a Raúl que le quedaban tres minutos.

“...Dime Raúl, ¿Qué quieres hacer con tu destino?

Raúl se sintió horrorizado, reflexionó sobre todo lo que el alcohol le hizo decir, la cabeza le dio de vueltas y se sintió sumamente agobiado, dos preguntas surgieron en su cabeza y extrañamente la mujer que le acompañaba alzó la voz y contesto ambas…

“...Si dices que esto es una broma todo habrá terminado, yo no podré hacer absolutamente nada por lo que pase después, si crees de verdad en lo que te ofrezco, en algo te puedo ayudar, pues será cuestión que me digas que es lo que quieres, por cierto, te queda un minuto…”

Aterrado, atónito, angustiado, Raúl no supo qué hacer, observó como las manecillas del reloj casi se juntaban, era cuestión de unos segundos.

Cerró los ojos y los abrió de súbito, al hacerlo, la dama se había esfumado, en su lugar estaba Perla, quien desnuda le extendía los brazos, y le decía “...venid amor que os necesito…”,

Cuando el segundero estaba por cerrar el empalme de las manecillas y con ello marcar las doce, Raúl se abalanzó sobre aquella aparición, tumbándola sobre la cama, todo se perdió en un halo de luz brillante que deslumbraba tanto como el sol del mediodía, sólo se dejó escuchar un grito que se desvaneció poco a poco:

“…Perla, amor mío voy hacia ti, eso es lo que más anhelo…”

Raúl se sabía el mismo, sin embargo, no se hallaba forma, su cuerpo había desaparecido, solo veía una magnánima luz que lo guiaba hacia su centro.


En medio de una mezcla de dolor y alegría, surgió una vigorosa exclamación:

¡Felicidades, es un bebe hermoso!


Dijo el doctor al orgulloso padre y a la extenuada madre que yacía recostada en aquella cama de partos…


“¡Perla, amor mío, míralo, es hermoso! ¡te amo tanto! ¡los amo tanto!”

Extenuada por el trabajo de parto, la joven madre sacó fuerzas de flaqueza para contemplar a su hijo.

Cuando la enfermera y Lucas, el orgulloso padre, le acercaron al niño, Perla sintió en su corazón un extraño dolor que los aparatos de medición no detectaron, al tenerlo entre sus brazos ella le juró amor eterno y el recién nacido, extendiendo su diminuto brazo, le rozó la barbilla, con ese simple toque ambas almas se enlazaron como ya lo habían hecho anteriormente…


“...elegiste sabiamente, es momento que conozcas tu destino…a partir de hoy tendrás lo que me pediste, como vez, en algunas ocasiones se pueden corregir las cosas por malas que sean… no recordarás nada de lo que ya pasó, pero estarás con quien has deseado en el último momento…”

Aquel bebe recién nacido, sin conocer lo que pasaba, solo se esforzaba por respirar, no podía hablar, ni pensar, solo atendía lo que una voz le musitaba en su cabeza:

“…no te esfuerces en intentar decir nada… es inútil, solo has las cosas correctamente, no vuelvas a perderte… ya no tendrás más oportunidades de emendar tu camino… Sí… ella estará ahí para ti, atiéndela, procúrala, amala, como se debe… no desaproveches esta última oportunidad… eres afortunado, ya que a pocos mortales se le brinda este tipo de beneficios… ¡hasta la eternidad Raúl, es posible que nos volvamos a ver!...

Las labores de recuperación para la madre empezaron de inmediato, el pequeño Ángel Raúl fue limpiado y puesto en su cuna, ante la mirada siempre atenta de su padre y del equipo de aquel sanatorio.


A las afueras del nosocomio, en un quiosco de periódicos y revistas, la gente leía las editoriales del momento, entre ellas destacó la siguiente nota:

“… ¡Infierno en La del Valle!... en la madrugada de hoy un fatídico incendio acabó con un lujoso departamento en el edificio ubicado en Torres Adalid 103, en la colonia del Valle, las llamas consumieron el onceavo piso, donde hasta el momento se sabe vivía el brillante diseñador Raúl Oropeza, de quien al cierre de esta nota no se tiene noticia. Por fortuna los demás pisos fueron desalojados a tiempo y solo se registran pérdidas materiales, no obstante, dentro del apartamento siniestrado se localizó una osamenta calcinada, se está en espera de que los servicios periciales determinen quien es, ya se revisan las cámaras de seguridad pública y del propio edificio para tratar de saber lo que ocurrió…”

Una fina dama, ataviada con el característico uniforme blanco de las enfermeras, con una cabellera larga, sedosa y negra como la noche, leyó con interés la nota, pero no adquirió el periódico, sin embargo, en su delgado y afilado rostro, que era tan pálido como las prendas que vestía, al concluir su lectura, una mueca misteriosa se dibujó, sin dar mayor importancia, retomó la silla de ruedas que empujaba, en ella un anciano le decía que no perdieran más el tiempo, pues él quería conocer cuál era ese sitio tan especial que ella le mostraría aquella mañana…



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