viernes, 10 de mayo de 2019

yo estaré ahí...

Un fuerte dispositivo policíaco se desplegó entorno a aquella vecindad de las calles del centro, área popular y de carácter bravo,  por ello, elementos fuertemente armados rodeaban el antiguo edificio, por los aires un helicóptero escudriñaba cada rincón de aquella otrora  residencia señorial, hoy venida a menos y convertida en cuartuchos de renta módica, para evitar escapara aquel al que perseguían.
Los moradores de este sitio permanecían atónitos a tal despliegue de fuerza, acostumbrados a ver como en su barrio se suscitaban constantemente hechos de este tipo, los cuales,  parecían una escena de película, solo que en vez de escucharse el “cámara… acción”, los agentes de la ley decían con voz baja pero recia: “agáchense, no salgan”
Por la radio los oficiales se comunicaban el estatus de la situación: “aquí 10-05, tenemos rodeado el edificio, requerimos elementos de apoyo para cerrar cerco…. Enterado (respondía el aparato), en breves minutos más elementos se sumaban a la “cacería”.
Mientras afuera todo era un caos y conmoción, al interior de uno de los cuartos de esta vieja casona, un hombre de nombre Joaquín, alias el “Yoqui”, estaba estresado, con la respiración entre cortada, temeroso y con la adrenalina al máximo, en su mano aún empuñaba la pistola calibre 45 que hacía unos minutos accionó en contra de su víctima.
Los labios secos, la mirada vidriosa, el sudor frío y el temblor de sus piernas, lo tenían al borde de colapso. “todo iba perfecto, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? Demonios” se decía mientras en su mente se reconstruía toda la fatal escena…
Apenas hacia unos minutos, “Yoqui” tuvo un excelente prospecto para ganarse unos billetes fácilmente y quizá algunas prendas de valor, al ver a un hombre joven, bien vestido, con portafolio ejecutivo que suele portar cosas interesantes y con un ramo de flores, caminando distraído viendo el celular; así que lo siguió con discreción, el sujeto avanzó presuroso y sin despegar los ojos del aparato telefónico, eso casi le costó que lo atropellaran en un par de ocasiones, lo cual hubiese arruinado el plan.
El Yoqui y si víctima se deslizaban con sigilo entre el mar de personas que abarrotaban el centro Histórico con motivo del 10 de mayo, de pronto el sujeto hace alto total, su perseguidor paró en seco y disimulando esperó el momento exacto de abalanzarse sobre él; fue cuestión de milésimas de segundos, el Yoqui pistola en mano encañonó a su víctima, el cual se quedó petrificado.
“…venga todo, ya sabes, te mueves tantito y aquí te quedas…” –le ordenó el “Yoqui”, al mismo tiempo, una mujer gritó con todas las fuerzas de su ser: “…nooooooooooooooooooooooooooo, no dios…. No le haga nada….” El asaltante volteó súbitamente y como acto reflejo disparó contra quien emitió tal alarido.
La joven mujer cayó al suelo herida por la bala, el hombre a quien el “Yoqui” pretendió asaltar, rompió su estatismo y se abalanzó hacia el cuerpo que yacía inerme en la acera, portafolio, flores y celular, quedaron tirados en torno a la escena. Con tal escándalo, los transeúntes que no se habían percatado de nada, de inmediato comenzaron a gritar: “…auxilio, un asalto… llamen a la policía… una ambulancia… una ambulancia”
El “Yoqui” dejó todo y echó a correr, teniendo el arma lista por si era necesario disparar de nueva cuenta, la adrenalina acumulada lo ayudó a ir tan rápido como nunca antes. Dos policías advirtieron la situación, uno quedó en la escena auxiliando a la mujer herida, el otro solicitó apoyo para la persecución.
“Yoqui”, en su desquiciada huida, golpeó, tumbó, arrasó con cuanto obstáculo se interpuso a su paso, esto, más el llamado echo por el policía que lo seguía, obligó a más uniformados que estaban en el área a sumarse a la persecución, la cual se prolongó por varias calles del primer cuadro, hasta llegar a la vecindad que le sirvió de trinchera.
Los minutos pasaron, convirtiendo aquello en una eternidad, el “Yoqui” escuchaba los movimientos que la ley efectuaba para ir acorralándolo, esta vez no había escapatoria…
-“…demonios, maldita sea, como vino a atravesarse esa infeliz, de no haberse cruzado, todo esto hubiera acabado bien…”- dijo así mismo.
- “¿Cómo te atreves a decir semejante barbaridad Joaquín?”-, pronunció una voz en medio de la soledad de aquella habitación, “¿acaso yo te enseñé a ser esto en lo que te has convertido? ¿A ver contéstame?
Los ojos de “Yoqui” lucían desorbitados, el pulso cardíaco se le incremento hasta hacer que sus arterias saltaran de sus fuertes brazos, la frente y el cuello, sumido en una confusión, pregunto a la nada: -“¿Quién demonios eres y qué quieres? Déjame solo, no me voy a entregar…”-
-“Joaquín, Joaquín, Joaquín, no pretendas huir de mí, ¿acaso no sabes quién te está hablando? –Musitó la voz.
- “Te he conocido desde siempre, conozco toda tu historia y me molesta que te hayas convertido en esto, yo que te veía jugar con tus hermanos y que tu rehuías a ser el criminal, ya que decías que eso era malo y que tu querías ser de los buenos”- explicó la voz.
-“Mira que tengo un arma y la paciencia corta y te dispararé si no sales de donde estés”- replicó Joaquín.
-“Hay hijo mío, tu vieja sufre al verte convertido en algo que nunca debiste ser”- dijo la voz.
Titubeante, el “Yoqui” pronuncio incrédulo: -“¿mamá?, tu, tu, tu estas muerta, te enterramos hace 20 años”-
-“podré haber partido de este plano, pero mi amor se quedó aquí, sobre todo al ver los malos pasos en los que empezaste andar y que nunca me dijiste”,- mencionó la voz.
-“pero madre, yo….”- intento decir el “Yoqui”
-“No hay pero que valga, cuando faltó tu padre yo me empeñe en hacer de mis hijos hombres de bien, que tuvieran familia y que se hicieran responsables, yo nunca quise tener criminales en mi casa”,- pronunció en forma enérgica la voz.
-“es que… yo… no supe que hacer, me dejé llevar, todo se dio con tanta facilidad que pensé este era mi destino…”- dijo él a la voz.


-“Nada, hoy haz cometido el peor error en tu vida, la joven a la que disparaste era la esposa de aquel infeliz al que ibas a robar y quieres saber lo peor, estaba embarazada…”- sentenció aquella voz sin cuerpo.
Un sepulcral silencio se dejó caer, tan pesado como una loza de concreto, el “Yoqui” siempre había robado, estafado, golpeado, pero nunca había matado y menos aún a una persona en esa condición…
Se derrumbó en una esquina de la derruida habitación, se llevó las manos al rostro y pudo visualizar la imagen de la joven, llevaba un vestido fiusha, que se tiño de rojo con la sangre que manaba de la herida, no tuvo tiempo de ver más.
-“Lo que hiciste hoy fue algo cobarde y vil, nunca pensé que fueras capaz… tu mi pequeño, aquel que abrazaba cuando se caía, aquel a quien si algo le asustaba corría a refugiarse a mi delantal mojado…”- dijo la voz.
Joaquín no daba crédito a lo que escuchó y presenció, las lágrimas que hacía años no permitía salir, inundaron sus ojos, se hincó en el piso y lloró como cuando era un niño, de pronto sintió un calor reconfortante y un aroma que hacía mucho no percibía  lo hizo recordar aquellos momentos, una mano invisible frotó su cabeza, él dejo salir todos sus sentimientos, frustraciones, dolor y amargura, pasaron por su mente todos sus errores, sus crímenes, sus malos pasos; al sentir de nueva cuenta la tersura de la piel de su mamá, se comprendió los errores que estaba y que había cometido, siguió llorando.
-“no quiero que te pierdas hijo mío, te he visto en cada impudencia que has cometido y cada una ha sido como el balazo que le diste a esa joven mujer, cuyo único pecado fue estar ahí para decirle a su esposo que pronto serían padres por primera vez”. “hijo mío, quiero pedirte un favor”, -dijo ella.
Con la voz entre cortada, las lágrimas corriendo a rienda suelta y la respiración sumergida en suspiros, Joaquín pregunto: -“¿Qué quiere jefa?’”-
-“Prométeme que te entregaras a las autoridades y que pagaras por este y por todos tus crímenes, no temas, yo estaré ahí para protegerte y auxiliarte, pero necesito que cambies...”-
Joaquín, limpiando la garganta dijo:- “pero madre, he hecho mucho mal y tengo miedo”-
-“¿Miedo tú, miedo? Después de tantos crímenes que has cometido, aquel que se enfrenta a la justicia y tiene el valor de afrontar sus errores nunca debe tener miedo. Anda hijo, no arruines más tu vida, has lo correcto y cambia para bien, que yo te sigo cuidando y protegiendo…”-
Joaquín se dejó caer al piso en forma fetal, a su lado quedó el arma, lloró, meditó, reflexionó sobre este extraño encuentro.


Los elementos de la policía cercaron todo el edificio, poco a poco se fueron adentrando y ganando cada piso hasta llegar a la azotea, revisaron cada cuarto, recoveco y espacio donde pudiese estar oculto aquel criminal.


Al llegar al último cuarto, justo donde estaba escondido el “Yoqui”, los elementos se desplegaron para cubrir todos los posibles puntos de fuga, en el instante último, antes de derribar la puerta, está  se abrió y salió Joaquín con las manos en alto, en su parte posterior, calzada en la espalda, portaba el arma.


Los agentes de inmediato lo sometieron, le quitaron el arma y ante la amenaza que representaba este sujeto, esperaban una reacción más violenta, sin embargo, a pesar de los jaloneos y sacudidas que un arresto conlleva, Joaquín el “Yoqui” se entregó pacíficamente, si oponer nada de resistencia.
“ya te habías librado de muchas “Yoqui”, pero al final caíste en nuestras manos, ahora si pagaras por todas juntas…”  dijo uno de los policías


Joaquín no respondió, salió cabizbajo y fue llevado a la autoridad, donde le fueron fincados varios cargos, excepto asesinato, su abogado no halló resistencia alguna en la actitud de su representado, fue sentenciado y tras un largo juicio y pasó en prisión hasta haber pagado su deuda con la sociedad.
Desde su celda oraba todas las noches, muchas de las cuales sintió a su madre ahí junto, repasando aquellas frases que ella le había enseñado.





 

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Un fuerte dispositivo policíaco se desplegó entorno a aquella vecindad de las calles del centro, área popular y de carácter bravo,  por ell...